15 de agosto de 2010

Mirame.

Cuando querés que alguien 
te mire, no importa
ninguna otra mirada.
Vos querés esa mirada,
y ninguna más. Pedimos a
gritos, desesperadamente,
que abran sus ojos y nos
miren... que nos vean.


Somos esclavos de esa
mirada, la necesitamos,
como el aire. 


Hacemos cualquier cosa por
atraer esa mirada.
Intentamos ponernos en el 
campo visual del otro,
quisiéramos tener un
reflector que nos ilumine,
quisiéramos brillar para ser
mirados.


Lo curioso es que los ojos
que más nos absesionan,
son aquéllos que no nos
pueden mirar. 


La mejor mirada no es
la que se nos niega...
sino esa mirada que no
vemos, la que ignoramos,
distraídamente. Esa mirada 
inesperada, fuera de todo
cálculo esa mirada que nos
ve cuando no nos sentimos
mirados, y por lo tanto, no
mostramos mejor.


Una mirada capaz de
atravesar la máscara,
y ver lo que hay detrás.


Todos somos como luces
apagadas, que sólo se
encienden cuando alguien
las mira. 

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