21 de febrero de 2011

Me dispongo a elaborar la receta del amor, tres ingredientes básicos que son: Querer, ayudar y respetar.
Todos ellos con un toque de locura y añadimos por encima el verbo llorar.
Lo pongo en la sartén, para quitar el orgullo, que es lo que engorda, lo mezclo con sinceridad y me sale una mezcla fabulosa.
Aún no he terminado... ¿tendrán romanticismo? Bajaré a comprarlo.
Me contaron que de eso ya no había, que se acabo con esta sociedad fría, pedí un poco de sentimiento, pero de eso poca gente tenía.
Mire en el armario, me quedaba un poco de sonrisa, la fui echando mientras pelaba trozos de alegría.
Una vez todo mezclado lo introduje en el horno, lo saque con cuidado y tu nombre salió grabado...

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