3 de marzo de 2011


La vida me enseñó mucho:
a perdonar sin entender porque pasan las cosas, a amar sin que me amen, a sentir sin que me sientan, a tolerar sin que me toleren, pero no me ha enseñado a sobrellevar la soledad. A vivir sin una caricia, sin un abrazo, a levantarte a la mañana y no encontrar nadie a tu lado, a sentirte menos que nada a querer gritar: estoy aquí, que me oigan,
pero también me ha enseñado a recordar las cosas bellas, el amor sublime de una madre, la mirada tibia de un padre y el acogimiento de tener simplemente la vida. Que ya es mucho pedir y sentir que teniéndola todo aquello que he escrito puede cambiar algún día,
porque no olvides que amar, sentir, tolerar y perdonar son parte de la misma vida.

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